Hoy me desayuno con una “gran noticia”: el Ministerio de Educación lanza una nueva plataforma alineada con la reforma educacional en la que los docentes han generado más de catorce mil instrumentos de evaluación para “garantizar una educación de calidad para todos los estudiantes”

Ante este titular me surge una reflexión: ¿Qué significa una educación de calidad? ¿Puede medirse una educación de calidad con instrumentos de evaluación binarios que no ponen en juego las habilidades y las actitudes de los alumnos?

Cuando llegué a este país hace unos meses, una de las primeras tareas que me encomendé fue entender el currículo publicado por el Ministerio de Educación. Para ello comencé por analizar la visión global de los cursos de Educación Básica ya que por formación soy maestro de básica y es para mí el punto natural de contacto con un Plan de Estudios. En una primera mirada preliminar al currículo, mi primer pensamiento es que las cosas se estaban haciendo bien, con unas Bases Curriculares que contemplaban de forma explícita tanto objetivos de aprendizaje formulados para evaluar estrategias de comprensión como objetivos enunciados para la métrica de habilidades y actitudes ante el aprendizaje.

Paralelamente comencé a conocer las pruebas PSU, los ensayos SIMCE y todo un repertorio de pruebas estandarizadas orientadas al pensamiento convergente. Como muestra extraigo una pregunta de un ensayo SIMCE donde se pregunta al alumno de cuarto de básico en Lenguaje y Comunicación qué tipo de texto usaría para entretenerse: una carta, una receta, un cuento o una noticia. ¿Se puede hacer esta pregunta esperando una única respuesta correcta sin recurrir a una argumentación por parte del alumno?

Tanto en la evidencia anteriormente mencionada como cuando hacemos un proceso de observación en terreno de nuestras aulas y los materiales con los que aprenden nuestros alumnos, los métodos de enseñanza y por ende de evaluación que se siguen practicando de forma generalizada son los de la escucha, lectura y la de ejercicios de repetición para comprobar el nivel de atención y memorización a corto plazo de los conocimientos puestos en práctica. En muy pocas ocasiones, se exigen pruebas o aplicaciones de los conceptos aprendidos que pongan en marcha la comprensión y las habilidades de nivel superior, ¿Por qué? La respuesta es sencilla: los métodos actuales son mucho más cómodos de aplicar, requieren menor esfuerzo y dedicación por parte del docente y permiten a las diferentes autoridades educativas medir el grado de “cobertura curricular” obtenido, pero en pocas ocasiones se mide el grado de transferencia que esos contenidos generan en las competencias o habilidades de los alumnos a medio y largo plazo y sobre todo en su capacidad de aprender a pensar.

Este preámbulo me genera la duda sobre cuál es la alineación real que estos instrumentos hacen con la reforma educacional, ya que las Bases Curriculares como ya comenté previamente, apuntan en buenas direcciones, sin embargo, los mecanismos e instrumentos puestos en marcha para la operación de la reforma por los docentes parecen que apuntan más a una línea que conserva la estructura de puntajes y rankings basados en pruebas de contenido conceptual.

¿Cómo podemos evaluar la calidad de un proyecto educativo? ¿Es el puntaje el factor determinante para la elección de un colegio?

En mi experiencia en el mundo de la educación en diferentes países, siempre me he intentado contestar estas preguntas en términos cualitativos y de bienestar del alumno, en lugar de hacerlo en términos cuantitativos. Cuando he analizado diferentes proyectos educativos en colegios que abanderan la calidad como estandarte, pocas veces he encontrado el bienestar del alumno como punto central dentro de los indicadores de medición del colegio, más bien, es la excelencia en términos de puntaje cuantitativo lo que rige finalmente los criterios de evaluación que tienen peso en las métricas del colegio. Así y todo, siempre se alude al desarrollo de la persona, el aprendizaje holístico y otros conceptos varios en los proyectos educativos que se publican en las páginas webs.

Es difícil que un colegio de forma individual pueda cambiar la manera de hacer la cosas. Como ya he mencionado, las Bases Curriculares publicadas por el Ministerio de Educación y su articulación en base de objetivos es un punto de partida muy interesante para comenzar a construir, pero es necesario que las acciones puestas en marcha para hacer operativas estas bases, caminen en la misma dirección, permitiendo poner en juego habilidades y procesos cognitivos orientados a la aplicación de contenidos más que al aprendizaje y medición de contenidos conceptuales.

Si la célebre frase “OIGO Y OLVIDO, VEO Y APRENDO, HAGO Y ENTIENDO.” atribuida en algunos casos a Confucio y otras a Lao Tse se escribió aproximadamente en siglo VI a. C. Entonces ¿Por qué hoy seguimos utilizando esta frase como referente en procesos de renovación educativa cuando la dimos por buena hace más de 25 siglos?

José Luis Pastor Alcaide
Gerente de Soluciones Tecnológicas en Educaria Zig-Zag
Maestro en Educación Primaria con Mención en Tecnologías de Información y Comunicación por la Universidad Internacional de Valencia, Associate in Computer Studies & Communications por la City University of Seattle y Máster en Gestión de Sistemas de Información por la Universidad Pontificia de Comillas (ICAI-ICADE).
Gestor de desarrollos digitales utilizados hoy por los colegios en gran parte de Latinoamérica.